lunes, 11 de febrero de 2008

Malú y el sillón del estudio

No, si sé que han escuchado esta expresión: “a mi perro sólo le falta hablar”. Estoy conciente de ello y no pretendo descubrir nada nuevo sobre el tema. Pero una cosa es haberlo escuchado y otra haberlo vivido. A mi Malú le enseñe lo básico: venir por su nombre, sentarse, echarse, esperarme quieta en un lugar, dar besitos, caminar a mi lado, y esas cosas que ayudan a la formación del perrito. Pero hubieron cosas que ella misma desarrolló, ignoro realmente como. Verán, en mi estudio, el lugar donde trabajo con mi computadora y toco piano, hay una pequeña salita conformada por un sillón de 2 cuerpos y una mesita de centro (creo que asi se le llama).

Picture 13 La cuestión es que en ese sillón hay 4 cojines. Mi Malú como todos los perritos con pelo, tiene etapa de muda y cuando no, siempre dejan sus pelitos por ahí. Pues bueno, cuando le doy permiso para subirse, pongo los cojines a un lado, encima de la alfombra. Una vez sin embargo la pillé haciendo esto: entró a mi estudio bien despacito y sin hacer ruido, y con su boca empezó a quitar uno a uno los cojines, los colocó más o menos donde yo los pongo cuando los retiro y se subió al sillón. Hay veces en que estando los cojines en el suelo, y en el sillón algo lo esta ocupando (mi casaca, libros, cosas en fin), ella mira con atención los objetos que estan en su sillón y suspira (siempre lo hizo) y se hecha donde estan los cojines.

Picture 15 Así era mi Malú. Tenia sus cosas y detalles. Como extraño esos momentos. Pero se muy bien que ella sigue conmigo porque a raíz de su partida, he prendido una velita misionera que renuevo siempre, que se encuentra ahora frente a la urna donde estan sus cenizas, y bueno, se le reza siempre que se prende la velita (a veces no soy yo quien la prende sino mi mami o mi tía). Pero ya van varias veces (no es broma) que cuando rezo de noche al cambiarle la velita, escucho claramente el sonido que producía al meter la cabeza por la puerta voladiza que hay en la puerta que da al jardín (por ahí sólo puede entrar y salir mi pekinesa Mishka y Malú cuando era cachorrita) para verme o para que le de su cariñito de buenas noches. La última vez fue bien notorio el ruido. Por eso se que ella sigue con nosotros, y tal vez aprovechando la noche para entrar al estudio a recostarse en su sillón.

Disculpen la calidad de las fotos pero las tomé con mi webcam.

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