domingo, 23 de diciembre de 2007

La cara triste del desarrollo

Animados por el ritmo de la salsa y el reguetón, los niños bailaban jubilosamente en el patio de la guardería Candy House --la Casa de Caramelo--, donde celebraban el fin de año.

La ternura flotaba en el aire.

Unos se agarraban de manos para deslizarse por los toboganes. Los más pequeños se meneaban imitando a los grandes. En sus sonrisas destellaba la luz de la inocencia.

Esa podría ser la última fiesta de la escuela para infantes de escasos recursos adyacente al Orange Bowl.

El complejo deportivo será demolido a finales de febrero como parte de un ciclópeo plan de revitalización del downtown, con un torrente de dinero público... sin que nadie se tomara la molestia de consultarle al público.

Ante este panorama, una sombra de incertidumbre se ha apoderado de los vecinos del área como un ave de presa.

''El rumor es que nos tenemos que ir. Pero nadie nos ha dicho nada'', afirmó intranquilo Axel Reyes, hondureño de 46 años que reside en las inmediaciones del Orange Bowl, donde por $525 millones se erigirá el estadio para los Marlins. ''Nos preocupa cómo va a afectarnos el polvo [de los escombros]'', enfatizó.

Además de La Pequeña Habana, Overtown y Park West, igualmente afligidos por la pobreza, serán afectados por otros megaproyectos. En obras de infraestructura, numerosos residentes son desalojados por eminent domain --razones de utilidad pública--, sin una compensación adecuada. Arrendatarios como Reyes, son los más perjudicados, ya que al desplazarse encaran alquileres más costosos.

Las autoridades sostienen que el desarrollo fomentará miles de empleos para los residentes de bajos recursos, pero a juzgar por la historia de Petronila e Inocencio Sebastián, dos hermanos dominicanos de 60 y 68 años, hay promesas que se olvidan en el papel.

Ambos integran una demanda colectiva de empleados de limpieza del Orange Bowl contra SFM Services, la contratista del gobierno municipal para asear la instalación deportiva. La querella, interpuesta en marzo pasado por Florida Legal Services, argumenta que pese a la Ordenanza de Salario Digno promulgada en octubre del 2006 --que establece un mínimo de $10.58 por hora con beneficios médicos o $11.83 sin cobertura-- les fue pagado $6.67 hasta abril del corriente, lo cual se habría extendido de no ser por esta acción legal.

En total, a los 187 empleados les deben $91,000 en compensación retroactiva.

SFM solicitó a la Ciudad de Miami pagar la diferencia, pero no hubo respuesta positiva. Consecuentemente, la firma introdujo una demanda por incumplimiento de este pago. George McArdle, un abogado que representa a la compañía, alegó que ''la Ciudad le informó inicialmente que el Salario Digno no aplicaba a este contrato''. Según el letrado la Ciudad se equivocó.

El Departamento Legal del gobierno municipal declinó emitir declaraciones ya que el litigio está en proceso.

Mientras se busca una solución, los trabajadores, en su mayoría inmigrantes, celebrarán la Navidad sin aguinaldos.

''Ese es un dinerito que trabajamos y lo estamos necesitando'', resintió Petronila en su residencia de Wynwood, donde desbordaba un espíritu navideño con adornos luminosos, íconos religiosos y balones de aire con representaciones de la Virgen María y el Niño Jesús.

Su jardín lucía un pesebre iluminado y un Santa Claus en un trineo. ''Este año no nos trae nada'', lamentó la mujer con un suspiro.

En otras palabras, no es suficiente promulgar ordenanzas, sino velar por que existan mecanismos transparentes que permitan aplicarlas.

Queremos un nuevo estadio y otros desarrollos, pero acompañados de acuerdos con avales legales que beneficien directamente y desde ya a las comunidades afectadas, no para que los comisionados reciban, como cortesía de los Marlins por su nobleza, dos suites privadas y 22 asientos en sky boxes del estadio de 37,000 plazas que podría estrenarse en el 2011.

No vaya a ocurrir que, en vez de un jonrón, Miami termine bateando un fly al cuadro.

 

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Fuente : La cara triste del desarrollo
Autor : DANIEL SHOER ROTH
Web : El Nuevo Herald

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