lunes, 18 de junio de 2007

Cuento 15: La semilla disconforme

“Paciencia : bella palabra que
se ha buscado para designar el miedo a
la imposibilidad de obrar.”
Anónimo


Erase una vez, en un jardín grande, muy grande, una joven aldeana que se dedicaba a cultivar flores y árboles. Las primeras, de suaves colores y dulces olores; los segundos, de fuertes nervios y ramas con verdes follajes...... y deliciosos frutos. Todos ellos formaban su única familia, pues era huérfana desde los años tiernos.
Fueron las aves las que le enseñaron a cultivarlas, y a cambio ella les brindaba parte de los frutos a sus amigas. Una noche de luna llena, una estrella cayó del cielo al sembrío de la joven aldeana. Cayó sin sobresalto ni bulla. Sola en silencio. Brillaba como una hoguera, aunque su tamaño era el de un guisante. Y si uno agudizaba la vista, podría ver dos puntitos negros intermitentes, que eran sus ojos.
Al día siguiente, las aves del bosque despertaron a la aldeana y le dijeron :
-Mira mi niña, que una estrella bajó del cielo y esta en tu campo. Parece una semillita.
-¿Una semillita estrella?. –murmuró asombrada la joven.
Se levantó y fue presto al sitio donde estaba la semilla. Esta se le quedó mirando a la joven. Ella se arrodilló a su costado y le dijo :
-¿Quién eres tú, pequeñita?.
-Soy un pequiñito, por favor. Que diferencias tenemos, digo.
-Perdón caballerito, -rió la joven, -Diga, ¿qué hace un joven extranjero en mi jardín?.
-Estoy de paseo. Tengo que ir a la estrella más brillante y decidí tomar un descanso. Pero, dime, ¿tendrías algo con que alimentarme?. Mira que consumo muy poquito.
-¿Será suficiente agua y abono para plantitas?.
-¡Por la gran semilla!. Eso es asqueroso..... Dime, ¿tienes leche y miel?.
Y fue así que la semillita,(al menos eso parecía), se alimento por 3 días. Entre comidas, le contó a la aldeana que él había viajado por muchas estrellas en busca de la tierra ideal, para crecer. Que había encontrado prados deliciosos, pero sin nadie a quien brindar sus frutos.
En otro lugar, si había prados y seres a quien alimentar, pero desperdiciaban mucha comida.
Hasta encontró un lugar ideal. Pero sólo se alimentaban de miel y jugo de montaña (agua).
Resignado a entregar un informe decepcionante, estaba camino a casa cuando una equivocación en la última curva le obligó a detenerse en el jardín de la joven aldeana.
-Y dime amiguito, ¿por qué no pruebas mi suelo?.
-No, si ya lo hice, y a decir verdad, dista mucho de ser siquiera considerado como suelo. –repuso la semilla con autoridad sobreactuada.
-Es que en mi mundo no podemos alimentarlos con leche y miel.
-Y eso que no tengo exigencias en mi gusto alimenticios.
-¿Qué clase de flor creas?.
-De cristal traslucido, como de murano flexible.
-¿De colores?.
-Tomo el color del ser que la toca, de sus sentimientos y emociones más ocultas y sinceras.
-¿Y fruto?.
-Suave como el aire, dulce como la miel, fresco y muy nutritivo. Sólo uno puede alimentar a 10 seres no importando su tamaño.
-¿Y como debería de ser el suelo que buscas?.
-No lo sé. Mejor dicho, nunca lo supe. Sólo sé que cuando le encuentre, echaré raíces y creceré mucho. Bien altito.
Tal respuesta consternó a la joven. Las avecillas revoloteaban a su alrededor, observando a la semilla estrella. Pero sorpresivamente apareció un gusanito. Tanteó el terreno y al observar a las aves, tembló y quiso ocultarse.
-No temas, pues no permitiré que de dañen. –dijole la semilla, -Yo les explicaré.
-¿Seguro?. –inquirió el gusanito, -Mira que sólo tengo una vida...
-Por cierto.
Y el gusanito se aventuró en ir a buscar a la semilla. Cuando llegó, quedó absorto por su belleza. Nunca había visto nada igual. Se enroscó a su lado y le preguntó :
-¿Por qué no creces como las otras semillas?.
-No es un buen suelo.
-Ya veo. Pero dime, ¿hasta qué hondo has bajado?.
-Unos metros.
-¡Ajá!. He ahí tu error. ¿Quieres que te muestre algo novedoso?.
-Puedes intentarlo. Yo te sigo.
Y el gusanito empezó a cavar un túnel en dirección a las entrañas de la tierra. Cruzaron varias capas de historia enterradas, hasta encontrar un río subterráneo.
-Ya hemos llegado, amigo. –dijo el gusano mientras que ayudaba a la semilla a bajar.
A un costado del río había toda una ciudad de simillitas. Eran de los más diversos tipos. La semilla estrella contempló el paisaje y exclamó emocionado a la vez que intrigado :
-¿Qué hacen ellas aquí, gusanito?.
-Pues ellas, al igual que tú, no sabían que hacer. Así que dejaron sus frutos arriba y vinieron a descansar en este solaz mundo.
-¿Puedo unírmesles?.
-¡Claro!.
Y la semilla dejó su fruto en la superficie y bajo a la ciudad semilla para vivir con sus amigas y relatarles todas sus aventuras. Y desde entonces, cuando veas una estrella fugaz, tal vez sea otra semillita estrella. Mejor tener leche y miel a disposición.

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