jueves, 27 de setiembre de 2007

Cuento 6: Andrea

“Que esto del heredar algo borra o
templa en el heredero la memoria de
la pena que razón que deje el muerto.”
Cervantes


Mi nacimiento se remonta a las épocas más tiernas de la especie dominante. Épocas donde la fioritura es señal de abolengo. Mi educación se ha visto enriquecida con artes manuales e ideas liberales. Fruto de esta educación, fue el aprendizaje del tallado en madera. Particularmente en ébano.
Aún durante mi matrimonio, he podido agenciarme tiempo para el tallado. Realizaba todo tipo de tallado: animales, objetos, paisajes. Pero mis predilectos eran rostros de niñas. Tenía, en verdad, una gran colección. Varios de estos rostros los sacaba de mi imaginación. Finalmente, cuando consideré tener la experiencia necesaria, empecé a tallar un busto propio.
Lamentablemente, sobrevino una epidemia. La de la avaricia y el poder. Las clases sociales se marcaron mucho más. Y el resto es historia.
Hubo muertes. La mía fue una de ellas.
Y mi tallado fue a parar a una hoguera, donde las llamas la purificaron. Fue un aparente final. Aparente pues yo sólo entré en un profundo sueño.
Y aún sigo soñando...

La selva despierta. La mezcla de sonidos, capaz de ensordecer o volver loco a cualquier forastero, es sólo un eco lejano para los que vivimos en la gran ciudad. Despierto muy animada, pues hoy cumplo un año de independencia familiar. Gracias a mis padres, pude conseguir este departamentito, convirtiéndolo en mi atelier. Como flamante egresada de la Escuela de Artes, la pintura fue la especialidad que escogí.
También hay otro motivo de alegría.
Hoy finalizaré mi último cuadro, parte de mi primera exposición, que realizaré la próxima semana. Este último cuadro, es un autorretrato. Vestida a la usanza gregoriana.
Un gusto particular. Profundo e insondable...
Tomo una ducha. Ligeros panecillos con jugo. Me pongo un polo y así me dirijo al caballete. Por las ventanas desnudas entra la luz como seductor amante, rodeándome toda con su calor conocido y nostálgico. Como vivo en el último piso del edificio más alto de la zona, puedo vestir como me place.
Observo el cuadro. Falta la emoción a transmitir.
¡Me olvidaba!. El marco inspirador: la música. Mi período preferido es el renacentista. Sobre todo, música para clavecín.
Ahora sí. A trabajar.
Mis pinceladas se suceden rápida y suavemente. Realmente soy hermosa. Y mi cuadro también. Como me fascina pintar sin ser esclava del tiempo.
Finalmente terminé. Estoy satisfecha. Voy a la cocina por un vaso con jugo.

-Que dulce sueño. Me siento muy bien. ¿Dónde estoy?. Que albergue tan raro. No es piedra ni mármol. Parecen paredes de loza. Oigo pasos. ¡Pero si esa doncella está virtualmente desnuda!. Y es mi vivo retrato...
-Que raro... La luz le esta dando a mi autorretrato un aire de asombro. Correré un poco las cortinas.
-¿Con qué derecho osa cerrar las cortinas sin mi aprobación?.
Volteé rápidamente, y busque con la vista a la persona que había hablado.
-No me eluda, y por favor, sírvase mirarme mientras le este hablando.
Por increíble que parezca, mi retrato había cambiado su expresión. Estaba molesto. ¡No!. No es posible.
-Si lo es. No podré hablar como tú, pues no tengo volumen. No me has hecho sólida. Pero al tener silueta y color puedo cambiar estos a mis necesidades.
-Te escucho en mi mente. ¡Claro!. Telepatía.
-¿Cómo?.
-Comunicarse por medio del pensamiento. Pero, ¿quién eres tú?.
-Soy una doncella, como tú, aunque mejor vestida por lo que puedo ver. Dime, ¿eres pobre?. ¿Quién toca el clavicordio?.
-No.. -exclamé risueña, -visto así porque me siento cómoda y porque nadie me ve. Y lo que escuchas es un compacto.
-¿Compacto?. Donde, no veo...
Entonces me di cuenta de que los ojos tenían un brillo natural. Como húmedos, aunque no parpadearan. Volteé el caballete para que viese el stereo.
-¿Qué es eso?. No es un clavicordio.
-Se llama stereo. El compacto se encuentra dentro de esta bandeja. En él se grabó la música que estamos escuchando.
-¡Ah...!. Creo entender. Fue la música la que me despertó.
-¿Como?.
-Más tarde te lo cuento. Dime, ¿a qué te dedicas?.
-Pinto.
-Que bien. Yo tocaba el clavicordio. Y era muy buena ejecutante. No tanto como el compacto, pero....¿Casada?.
-Soltera.
-¡Bien!. Acércate. Quiero conversar contigo.

Durante los próximos días, pude enterarme de muchas cosas. Mi singular amiga fue doncella de la corte en su época. En su Fe, y antes de morir, se aferró a la idea de resignarse a un profundo y bello sueño. Ella y yo somos idénticas, físicamente. Nuestros gustos son diferentes. Muy diferentes, pero con deseos de aprender. Ella de mi época; cultura, sociedad, modas, tecnología....Yo, costumbres y estilos.
Pronto mi nombre empezó a hacerse conocido, como pintora. Describen mi estilo como una sutil combinación de técnicas modernas con conceptos clásicos, algo perdidos en el ocaso de nuestra evolución.
Mi doncellesca amiga fue dominando, poco a poco, las cualidades de los tonos. Sus facciones son más naturales. Cada vez más vivas.
-¿Por qué temes exponerme?.
-Pues, porque tratarían de ponerte precio y significado.
-Pero me agradaría tanto conocer el mundo, más allá de estas paredes.
-Creo tener la solución. ¿Sabes lo que es la linotipia?.
Durante los próximos meses, el dulce retrato de una joven fue vendido en toda la sociedad civilizada, y la no tanto. Pronto hubo copias en la montaña, la selva, la playa, los palacios de la privacidad humana y en el universo que sólo una pareja puede brindar, en emociones.
-Cuántos paisajes puedo apreciar. Es como tener mil ojos.
-Hoy te voy a llevar al taller de la Escuela. ¿Estas de acuerdo?.
Muchos (la verdad, ¡todos!) alabaron mi trabajo. Bueno, eso esta bien, creo. Una de las alumnas trabajaba en arcilla. Moldeaba un busto. Su rostro era masculino. Infantil.
-Tiene gracia....
-¿Qué?.
-Esa muchacha, la que trabaja con arcilla, la que esta detrás de ti. Yo conozco a ese niño.
La joven ceramista seguía trabajando. Estaba terminando el rostro. Una vez acabada, le dio unas palmaditas en la mejilla, por la satisfacción del trabajo realizado. De pronto, dejó de hacerlo. Estaba sorprendida. Un poco asustada. Soltó una leve, pero coqueta risita, se sonrojó y siguió trabajando.
Estaba pensando mucho.
Estaba conversando con un nuevo amigo.

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