jueves, 30 de agosto de 2007

Cuento 10: El último movimiento

“El encanto de la belleza estriba
en su misterio; si deshacemos la trama
sutil que enlaza sus elementos, evapo-
rase la esencia sola.”
Schiller


Querida Madre :
Cuando recibas esta carta, debo estar terminando mi gira por el vecino continente. Me ha ido muy bien. No obtuve primeros premios, algunos segundos, y eso si, muchas críticas favorables. Consideran que tengo un toque delicado y una musicalidad exquisita. Sin embargo, ha sido el contacto con nuevos pueblos, nuevas costumbres, lo que más he disfrutado.
Se que nunca pudiste entender la fuerza vital que opera el arte en mi. Siempre he creído que debió ser como sobrevivir en regiones desconocidas para ti.
Pero te prometo que todo esto va a cambiar. Así como la música es mi elemento vital de existencia, esa misma fuerza vital me ayudará a construir un jardín de dulce remanso para ti, donde puedas dedicarte al arte del descanso y el descubrimiento interior.
Madre, ten presente que el ayer es sólo un recuerdo, el mañana, una turbia visión y que estos dos estados dependen del presente. Sólo un presente bien vivido te podrá proporcionar un bello recuerdo y una agradable visión.
Y yo espero poder ofrecerte un buen presente con muchos motivos y muchas acciones.
Tu me diste tus mejores años, y tus dulces sueños. Hoy, en posesión de lo mejor de mí, voy a ofrecerte todo lo que mi espíritu ha podido cosechar. Hoy vuelvo a tus entrañas, a tu corazón. Hoy tendré la edad, tu edad ideal de niño.
Porque hoy te amo más que ayer y menos que mañana.

Te extraña,
Tu Hijo.



Querido Hijo :
Espero, y por ello le rezo a nuestro Padre, que esta carta te llegue a ti antes de que empieces tu retorno, pues no estoy segura de la dirección que me diste.
Los dias que has estado ausente, me han permitido que pueda reflexionar mucho en lo que han sido nuestras vidas. Recordaba, cuando aún niño, devorabas las tartaletas, con una velocidad increíbles. Decías que eran invasores del centro de la tierra y que tu los pulverizabas en tu boca. ¿Lo recuerdas?. Espero que si. Y también espero que los recuerdes con alegría y no como yo.
Yo los recuerdo con tristeza.
Tristeza porque ya no te puedo abrazar todo con mis brazos. Has crecido, y también te has marchado. No te lo reprocho, mi bien. Sólo que cuando más lo pienso, más me cuesta.....Hijo, te amo mucho y solo espero el momento de estrecharte en mi regazo.
Cuídate mucho, hijito mío,
Tu Mamita



El cartero camina tranquilo hasta el edificio de habitaciones. Es pequeño, de tres plantas. Entra y saluda al portero.
-Buen día, caballero. ¿Cómo le esta tratando la vida?.
-Buen día, amigo mío. La vida, en lo estrictamente personal, me sobrelleva. Pero, quisiera morir pronto...
-¿Por qué?. –exclamó el cartero mientras ponía al suelo su cartera con sobres. Conocía el ánimo del portero, siempre criticando la existencia de todos, y lamentando la suya.
-¿No se enteró?. El hijo de la Sra. del departamento chico, pobre, murió en un accidente aéreo. El avión se estrelló y nadie, nadie pudo sobrevivir.
-¿El músico?. ¡Caramba!.
-Y eso no es todo. Hace tres dias, la Sra. falleció de un mal del corazón, tengo entendido.
-¡Por los clavos de Cristo!. Que tragedia. Y como es la vida, mire Ud. -dijo cariacontecido el cartero, tomando una carta de su cartera, -Esta carta la envió la Sra. a su hijo, ya ha sido devuelta por tener el destinatario con dirección equivocada. Debí de trérsela ayer, pero estuve algo delicado de salud, y decidí tomar cama.
-Que curioso. Cuando sus familiares cerraron el departamento, vino un mensajero privado y dejó un sobre para la Sra. Yo lo arrojé por debajo de la puerta. Haré lo mismo con el suyo.
-Que tragedia, mi amigo, que tragedia….

El sobre se deslizo por debajo de la puerta. Cerca a él, había otro con sellos de vecino continente. Por la ventana entreabierta, entró una suave brisa. El primer sobre se movió ligeramente. Pero el otro, yendo contra la corriente, se movió y cayó encima del primero.
Al contacto, se formó una nube de luz muy intensa, deslumbrante. Tomo forma paulatinamente. Se hizo más grande y brillante, cegadora. Mágica. Finalmente, se formó una gaviota blanca como espuma de mar.
Aleteó suavemente en dirección a la cocina. Se detuvo en el respaldar de una silla de madera, y se mantuvo quieta por unos instantes. Divisó una tartaleta sobre la mesa. Planeó hacia ella y la picoteó un poco. Escondió después, su pico debajo de una ala. Aleteó nuevamente, esta vez con mayor vigor, hacia un ropero sin puerta, donde se guardaba un moisés de paja, pálida por el paso del tiempo.
La gaviota soltó un dulce sonido, indescriptiblemente bello.
Y voló rauda por el cielo, a través de la ventana, en busca del mar, y la brisa arrulladora.

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